Períodos de la
Historia de Concepción
PERIODO PREHISTORICO (
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Historia Prehispánica de Concepción
Muy poco se sabe acerca de quienes poblaban Concepción y sus alrededores a fines del mes de febrero del año 1550, cuando la expedición del Gobernador Pedro de Valdivia, después de bordear el Bío-Bío y pasar dos noches "junto a unas lagunas de agua dulce" , que seguramente han debido ser las "Tres Pascualas" y la de "Lo Mendez" , tras un combate, siguió curso del río Andalién y fue a instalar su campo amurallado en las faldas de los cerros que llaman Penco.
Ni la pluma épica de don Alonso de Ercilla, ni los minuciosos memoriales que, en cuenta de sus hazañas, enviara a su Señor y Rey el bravo conquistador extremeño, han dejado más luces que las muy veladas de un pueblo bárbaro, que el capricho del poeta llamó "Arauco" y que los cronistas coloniales primero y, después, en sucesiva repetición, todos los historiadores, han divulgado con el nombre arbitrario de araucanos.
La historia de la civilización indígena de Chile corre escrita, aun hoy día, bajo la documentación de los cronistas españoles, fuente de primera mano, si se quiere, ya que algunos de ellos fueron testigos oculares del estado social y cultural de los aborígenes en las primeras horas de la conquista, cuando aún estaban libres de influencias extrañas. Pero estos cronistas, por su cultura personal o por sus prejuicios propios de su siglo, bien arraigados en ellos, no siempre dieron a los hechos y a las cosas que observaron la interpretación fiel que les correspondía.
Por otra parte, se considera esta documentación escrita como una fuente insuficiente, dada la falta de elementos de investigación científica. La ciencia arqueológica de hoy, cuyos métodos permiten estudios acabados y precisos en la interpretación y conocimiento de la vida pasada, nos ubica en la realidad de esos tiempos primitivos en forma segura y concreta.
En este país estamos aún muy lejos de haber llegado a conclusiones decisivas respecto de los habitantes primitivos y de su modo de vida, a causa de la poca o ninguna atención que se ha prestado a las investigaciones de esta índole, ya sea porque se desconoce su finalidad cultural o porque la indiferencia materialista, que es siempre uno de los principales estigmas visibles de la ignorancia, cree que es superfluo estudiar la vida pasada.
El estudio de los primitivos habitantes, en una zona como la de Concepción, que fué pasaje obligado de muchas unidades étnicas, resulta un complejo problema, difícil de desentrañar.
Así, los pocos conocimientos que se han logrado sobre el pasado prehispánico de Concepción y de todo Chile, conseguidos a pesar de todos los obstáculos y dificultades, andan fragmentados, desperdigados, informes, en folletos y artículos de muy difícil adquisición.
Las autoridades universitarias han hecho muy poco, pues apenas se han prestado a difundir los conocimientos que se tienen respecto de los primitivos habitantes del país. Como organismos a los que por derecho propio y único les corresponde la tuición de la cultura social, han olvidado, no por ignorancia, sino más bien por desidia, sus estudios e investigaciones.
La necesidad de estos trabajo, como base de la cultura de un pueblo civilizado, es fundamental, especialmente si consideramos el ejemplo de países extranjeros. Cualquier psicólogo se justificaría en la repulsión ancestral del nativo para escarmenar el origen de sus mayores, ante el temor de profanar una obscura memoria. No obstante la situación desventajosa para las investigaciones científicas de este orden, tanto aquí en la ciudad como en sus alrededores, durante largos años, y debido más bien a la iniciativa particular, se ha escudriñado el pasado a golpes de pala y picota, silenciosamente, y se ha logrado sorprender los rastros de la vida de varias culturas primitivas que, en orden sucesivo, se esfumaron y cuya memoria el tiempo ha contribuido a borrar.
La Dirección del Museo de Concepción inició el año 1918 el estudio documentado de esas razas primitivas. Pobremente, con medios precarios, pero con mucha voluntad y entusiasmo, siguió su plan sistematizado acordado de antemano que ha permitido escudriñar palmo a palmo el terreno de esta provincia. Son muchas las excavaciones, y más de cincuenta y seis, que se han realizado de acuerdo a este plan.
Consideraciones necesarias
En la ciencia arqueológica, se llaman tiempos prehistóricos los que corresponden a una época de la que no existen si se conservan documentos escritos o figurados.
En los pueblos americanos, cuyos aborígenes fueron de una cultura inferior, o por demás rudimentaria en su mayor parte, se considera que la época prehistórica termina con la conquista del territorio por los soldados españoles.
Otro término que conviene aclarar es la denominación de "araucanos". A la llegada de los conquistadores españoles, los únicos aborígenes - y eso en un sentido relativo - que podían llevar el nombre de araucanos eran los que pertenecían al "aillarehue de Ragco", que los españoles tradujeron fonéticamente, es decir, con sonidos más o menos semejantes, en "Arauco". Ese "aillarehue" estaba formado por los "rehues" o pueblos de "Mariguenu", "Tucapel", "Lincalebu" y "Purén".
La denominación dada a todos los habitantes del sur del país, considerándolos como "araucanos", es simplemente una generalización indebida del poeta Alonso de Ercilla, generalización que fue aceptada por los contemporáneos y repetida después por cuantos historiadores se han preocupado de estos aborígenes. Con toda propiedad se puede decir que un capricho de un poeta derivado de una necesidad métrica creó el nombre de una raza.
En el año 1550 ocupaban este territorio dos pueblos distintos cuyo origen, cultura y aun caracteres antropológicos eran marcadamente diferentes.
Uno de ellos parecía ser autóctono, de hábitos sedentarios, laborioso y emprendedor. Algunos Historiadores lo llamaron "promaucaes" y otros "picunches". Poseían un idioma propio, idioma que se habló desde el Choapa al Seno del Reloncaví y que se denominó, también arbitrariamente con el nombre de "araucano".
El otro pueblo era de raza nueva, recién llegado desde la llanura argentina y lo constituían los "moluches", que en su idioma quiere decir "gente de guerra", y en realidad lo eran, gente fiera y bárbara, casi nómade, que al sedimentarse con los elementos autóctonos formaron ese bloque racial que hoy llamamos "mapuche", nombre que se deriva de la palabra "mapu", que quiere decir tierra u oriente y de "che", que significa gente, o sea, en consecuencia, "gente del oriente", o "gente de la tierra".
A la llegada de los conquistadores, aún estaba fresco el recuerdo entre los aborígenes de la presencia del ejército del inca Tupac Yupanqui, que al frente de sus curacas había llegado, no hacía mucho, a levantar sus campamentos amurallados entre el río Laja y el Bío-Bío.
Con anterioridad a los "promaucaes" o "picunches", a los "moluches" y a la invasión incásica, habían existido otros pueblos primitivos que vivían en plena edad de piedra y que han dejado vestigios de sus costumbres rudimentarias. De ellos se ha podido precisar tres tipos, dos de los cuales poblaron la costa y uno las serranías.
A pesar de que no es posible hablar con claridad sobre las costumbres y cultura de estos aborígenes, acogemos los pocos antecedentes de algunos investigadores para afirmar que nuestras primitivas poblaciones son tan viejas como cualquiera otra en cualquier lugar de la tierra.
Si estamos prontos a admitir miles de años antes de la Era cristiana para las civilizaciones de Egipto y Asia Menor, así también lo debemos admitir para nuestras primitivas culturas, que fueron tan primitivas y antiguas como aquéllas.
Las investigaciones realizadas en Concepción permiten asegurar que aquí el hombre existió, contemporáneo a los mastodontes, al final de la época glacial.
Los hallazgos estudiados por el antropólogo penquista doctor Otto Aichel, confirman que subsistieron hombres junto a la fauna mamalógica del cuartario chileno.
Por otra parte, existen documentos históricos que se refieren a un hallazgo hecho en 1822, en los alrededores de Concepción, de restos humanos junto con restos de cuadrúpedos antediluvianos, restos que el Director Supremo Bernardo O`higgins ordenó estudiar prolijamente.
Tenemos, pues, gente con cultura primitiva viviendo en este suelo miles de años antes de la Era Cristiana.
Estos hombres de cultura "paleolítica", o sea, de la "piedra tallada", que se ha dado en llamar también, siguiendo a Uhle, "hombres primordiales", fueron a su vez desplazados por una o dos unidades étnicas, de distinto origen, pero de una cultura más o menos uniforme, o sea de cultura neolítica, aquellos que ya conocían el uso del fuego y empleaban utensilios de piedra pulimentada.
Vestigios de estos hombres de cultura neolítica que vivieron en nuestro litoral se encuentran en la costa, en la desembocadura del Bío-Bío, junto a "conchales" o "Kjoekkenmoedinger", comunes también en los valle del interior y región cordillerana.
Estos habitantes primitivos, que eran subdolicocéfalos, tenían sus cráneos de paredes muy gruesas, sobre todo en las regiones molar y occipital, y la superficie del cráneo aplanada, presentando, en general, un aspecto bastante arcaico . La estatura de los hombres era de 1.66 metros y la de las mujeres 1.50, más o menos.
Para formar sus campamentos generalmente se agrupaban en las caletas de la costa, refugio seguro contra los temporales, especialmente en las desembocaduras de los ríos y los arroyos. En estos lugares se han descubierto "conchales" hasta de tres metros de espesor, formados con la acumulación de conchas molusco, arrojados a veces durante siglos, por tribus que se alimentaban, principalmente de mariscos y de pescados.
Construían sus alberges con madera y pieles de lobos marinos. Sus Armas y sus instrumentos de trabajo eran de piedra labrada. Las balsas eran armadas con cueros de lobos marinos inflados.
El último Jalón de los Incas
En los alrededores de Hualqui se encuentra el cerro de la Costilla o de la Piedra de la Costilla.
La Piedra y el sitio en referencia no ocultan ningún tesoro y sin embargo significan un tesoro. Constituyen el jalón, el sitio más austral hasta donde llegara un día la invasión incásica. Las huestes de Tupac Yupanqui.
Hace algunos años este sitio fue identificado por algunos estudiosos como un antiguo divisadero incásico, que coincidía con el lugar precisado por el Padre Diego de Rosales en su "Flandes Indiano", quien lo señala como una fortaleza de los incas.
En efecto, El Padre Rosales, dice, al respecto: "Volvieron a proseguir la conquista hasta llegar al Itata donde hay otros dos fuertes y en "Culacoya", prosiguiendo en su conquista, en las tierras del gran señor Quinchatipay, cinco leguas de la ciudad de Concepción tuvieron allí otra fortaleza. Hay allí siete piedras a manera de pirámides labradas que fueron hechas por los indios del Perú para hacer la ceremonia que llaman la Calpa inca, que se hacía a la salud del Rey Inca cada año".
Contrariamente a lo que dicen muchos historiadores, las investigaciones arqueológicas de los últimos años han probado con rigurosa exactitud que la segunda invasión incásica llegó hasta el Bío-Bío y eso lo comprueban, además, algunas tradiciones recogidas por los españoles en tiempos coloniales.
Los incas encontraron en esta región la feroz resistencia de los mapuches. Era esta raza, de hábitos guerreros que gozaba de condiciones propias par defender su independencia.
¿ De donde proceden estas razas ?
Entramos, ahora, al terreno de las hipótesis. En el norte del país, cerca de Pisagua, se han hallado vestigios de una unidad étnica tan primitiva como la que existía en esta zona de Concepción, pero con una marcada influencia de la cultura llamada de "Chavín", uno de los centros culturales de protonazca en el Perú. Conocían los tejidos, fabricaban canastas y enterraban a sus muertos en pozos pircados.
La influencia de Tiahuanacu llegó a estas regiones arrastrada como elemento cultural en las sucesivas invasiones étnicas.
Tenemos pues, que el estado actual de las investigaciones científicas relativas a los primeros habitantes de Chile, comprobadas con documentos sobrados, pruebas materiales e históricas, permite afirmar que en la evolución étnica del territorio chileno han influido más de cuarenta y dos unidades étnicas, algunas de ellas totalmente puras, otras dependientes de las totalmente puras y muchas de un origen específicamente diverso, lo cual desvirtúa las muy divulgadas ideas de la homogeneidad de la raza autóctona.
De estas unidades étnicas, sólo muy pocas subsisten y ya están a las puertas del ocaso, próximas a desaparecer, por absorción o extinción natural.
La raza indígena nuestra, -la Mapuche- vino a cumplir con la misión que le correspondía en el proceso de la evolución étnica; ella es un factor de mejoramiento que actúa, como ya hemos visto actuar a tantas otras desde el primer día en que un ser humano pisó esta tierra, allá en la nebulosa de los tiempos paleolíticos.
El indio, como lo expresara el malogrado arqueólogo argentino Debenedetti, terminó su cometido el día en que por la tierra americana cruzó el primer acero templado. A la cultura presente no le corresponde otro papel que el de asistirle en su hora final, hacerle soportable su agonía y preparar piadosamente sus exequias. No habrá contendientes en el reparto de la herencia indígena. La ciencia será su única y universal heredera.
Libro de Oro de Concepción.1550-1950 Segunda Edición
